La bahía de Portmán
es, posiblemente, el mayor desastre medioambiental por la acción de la
explotación minera a cielo abierto llevada a cabo durante más de 30 años por la
empresa francesa Peñarroya. La bahía se encuentra hoy totalmente anegada hasta
14 metros de profundidad por más de 63 millones de toneladas de estériles
mineros.
Entre los años 1957 y
1990, miles de toneladas diarias de metales pesados eran vertidos a la bahía
rellenando completamente la rada. La empresa volaba enormes cantidades de
tierra y en el Lavadero Roberto las trataba con productos químicos para separar
los minerales. Solo una mínima parte era valiosa. El resto, la tierra mezclada
con los reactivos y restos de plomo, zinc, cadmio, etc., era arrojados al mar. Hoy
es el mayor vertedero de residuos mineros al aire libre de España. Donde antes
había agua, hay hoy una arena oscura y brillante, como puede apreciarse en las
fotos que he realizado. Además, he encontrado también tuberías y desperdicios.
Peñarroya fue absuelta
de delito ecológico en
el año 1993 tras ser demandada por Greenpeace ya que,
como dice el fallo judicial, actuó amparada por una Administración permisiva
porque “en otras épocas han primado los intereses laborales y económicos por
encima de los medioambientales”.
Nunca debería autorizar
la Administración una explotación económica que contamine el medioambiente
porque, aunque pueda suponer trabajo y riqueza durante unos años, producirá un
daño irreparable y será una carga durante generaciones.
Se han estudiado
varias soluciones para regenerar la Bahía de Portmán pero la más factible y
económica para la Administración creo que sería que otra empresa se hiciera
cargo de la limpieza a cambio de explotar el hierro contenido en la magnetita y
la siderita que Peñarroya desechó. El resto lo podría arrojar a la mina San
José o conducirlo a través de emisarios submarinos a una fosa marina bastante
profunda que se encuentra a 10 kilómetros de la costa.
Alejandro Pedreño
Alejandro Pedreño


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